Se conoce como fibromialgia al dolor presente en los
músculos y en el tejido fibroso que conecta huesos, ligamentos y tendones. Este
síndrome es una forma común de fatiga y dolor muscular general; tan solo en
Estados Unidos, cerca del dos por ciento de la población se ve afectada por
este mal, del cual aún se desconoce su causa exacta; se cree que está muy
relacionada con anomalías en la función del sistema nervioso central, dando
como resultado un aumento en las señales normales de dolor: los nervios
exageran las “señales de alarma” y algo que para otra persona no significaría
mayor dolor, para quien sufre de fibromialgia esa misma sensación se traduce en
una tortura.
Las personas que se ven enfrentadas a la fibromialgia
experimentan síntomas similares a los pacientes que sufren alguna enfermedad en
las articulaciones; erróneamente se podría creer que se trata de alguna forma
de artritis, sin embargo la fibromialgia no presenta inflamación, por lo que
esta idea queda descartada (la miel y la canela en polvo reducen los dolores
provocados por la artritis y mejoran la flexibilidad en las articulaciones; más
información visitando mi sitio). Los
expertos asocian más este síndrome con una derivación de reumatismo de los
tejidos blandos.
Las personas que presentan esta extraña afección pueden
tener otros síntomas:
- Problemas para dormir
- Rigidez por la mañana
- Dolores de cabeza
- Periodos menstruales dolorosos
- Sensación de hormigueo o adormecimiento en las manos y los pies
- Falta de memoria o dificultad para concentrarse
No es extraño que se presenten dos o más afecciones crónicas
del dolor simultáneamente. A la par con estas alteraciones encontramos el
síndrome de fatiga crónica, la endometriosis, la fibromialgia, la enfermedad
inflamatoria del intestino, la cistitis intersticial, la disfunción de la
articulación temporomandibular y la vulvodinia.
Es normal que los pacientes que conviven con la fibromialgia
atraviesen por periodos de depresión y angustia, lo que lleva a muchos de ellos
a encerrarse en sí mismos, sin ningún interés por explorar el mundo que los
rodea. El ejercicio pasa a ser actor clave para combatir esos sentimientos
depresivos. Los investigadores señalan que los ejercicios aeróbicos, los que se
practican en suelo firme y los que se desarrollan en el agua, pueden ayudar a
incrementar la capacidad funcional (elasticidad, fuerza), y a aliviar los
síntomas reduciendo considerablemente el dolor. La intensidad del entrenamiento
debe aumentarse paulatinamente hasta alcanzar un nivel normal o moderado. Si al
momento de llevar a cabo los ejercicios el paciente percibe una agudización de
los síntomas se deberá bajar la intensidad de la rutina. Los aeróbicos se deben
hacer durante, al menos, 20 minutos una vez al día.
También se afirma que hacer Pilates tres veces por semana
mejora la resistencia al dolor; el sitio http://www.muyinteresante.tv/
menciona como esta técnica conocida como “yoga occidental” ayuda a adquirir un
mayor control sobre los movimientos, haciendo que la persona adopte una postura
correcta mediante el alargamiento axial y la correcta respiración.
Algunas investigaciones señalan que el entrenamiento con
ejercicios de resistencia realizados entre dos y tres veces por semana, por doce
semanas, ayudan a disminuir significativamente el rango de dolor. El ejercicio hace
que suban los niveles de endorfinas, las sustancias que trabajan como analgésicos
en nuestro organismo. La actividad física además eleva el tiempo de la fase
recuperativa del sueño, lo que prevendría la aparición de la fibromialgia.
