martes, 7 de julio de 2015

Sacando de nuestra vida el sedentarismo



Estamos en temporada de fútbol (otra vez); la Copa América cautiva a millones espectadores a lo largo y ancho del continente y tú eres uno de esos televidentes que se “sudan” la camiseta de su selección desde la comodidad del sofá. Te consideras el “jugador número 12”, pero lo cierto es que, con tu sobrepeso, el técnico de tu equipo no consideraría llamarte nunca, aunque tuviera que perder por doble U. ¡Basta ya! Deja las excusas y comienza a ponerte en forma, si sigues postergando el ejercicio para otro día y así sucesivamente hasta el infinito vas a caer en un sedentarismo del que te será muy difícil librarte después.

 Image by German Tenorio



Si lo que falta es motivación para comenzar a mover esas articulaciones piensa en el enorme daño que le estás haciendo a tu salud si solo vas de la oficina a la casa y viceversa, sin dedicarle el suficiente espacio a la actividad física. Con el tiempo ya no te moverás, pero no porque te dé pereza; físicamente estarás imposibilitado para manejar tu cuerpo, los kilos extras y tus extremidades y músculos atrofiados se encargarán de eso. Sácale provecho a la vida, no dejes que esta se te pase en frente mientras miras la televisión.

No tienes que acudir a exigentes rutinas para empezar a ponerte en forma. Salir a caminar todos los días por media hora ayuda a combatir la grasa abdominal y a fortalecer el corazón. “Es que trabajo en oficina y no tengo tiempo”, dirán algunos. Si tienen tiempo, lo que pasa es que no quieren invertirlo en el ejercicio. De hecho, en el lugar de trabajo pueden poner en marcha sencillas prácticas que les ayudarán a estar en movimiento y no dejar que la monotonía del trabajo comience a cobrar factura: cada una o dos horas levántense de su escritorio y den cortos paseos de cinco minutos aproximadamente para estirar las piernas, desentuman los músculos y airean la cabeza para que las ideas lleguen más fluidamente y puedan rendir mejor en su laboro. 

No tengan esa idea acerca de que el ejercicio es algo aburrido, si se predisponen de esa forma lógicamente se les va a dificultar más llevar a cabo cualquier rutina. Elijan una actividad que les llame la atención; montar bicicleta, hacer montañismo o practicar aeróbicos en el gimnasio, todas estas son actividades que pueden llegar a ser muy entretenidas y estimulantes. Compartan su deseo de cambio con algún amigo o familiar, trácense ese reto con ustedes mismos y con otra persona que les ayude a retomar el sendero cuando sientan ganas de tirar la toalla. 

Sean constantes; si se establecieron un horario para ejercitarse cúmplanlo, el adquirir disciplina es fundamental para vencer esa voz interior que nos susurra “no lo hagas”. No necesitan de un gimnasio o de una sudadera para “mover el esqueleto”. Podemos hacer ejercicio aun cuando hacer ejercicio no sea parte de los planes; pueden establecerse pequeños retos al realizar alguna actividad en particular (subir las escaleras, caminar más desde el parqueadero hasta la oficina, etc.).


Demasiado “viejo” para comenzar

Nunca es tarde para empezar a ponernos en forma. Por supuesto que las fuerzas no van a ser las mismas, nos cansaremos más rápido y tendremos que ajustarnos a cierto ritmo que nos permita retomar el aire. Ejercicios de estiramiento, de resistencia, de fortalecimiento muscular y de equilibrio son las rutinas recomendadas para las personas que han sobrepasado los 60 años. 


Encuentra nuevos estímulos

Montar en bicicleta o salir a trotar por aquellos paisajes que hasta el momento habían pasado desapercibidos para ti puede ser de gran ayuda para despertar tu gusto por el ejercicio. El aire fresco te inspira y te relaja mientras pones a trabajar tu físico. Para mantener tu hábito debes regular la intensidad, así se gana continuidad.

 Los cambios de hábitos no son fáciles, seamos realistas, involucran un cambio de comportamiento que está arraigado en nosotros por mucho tiempo, por eso, con pequeños pasos, constantes y que vayan a nuestro ritmo le estaremos dando luz verde a nuestro cerebro para adquirir nuevas costumbres. Todo comienza con la decisión de querer hacerlo, y después tenemos que convencernos a nosotros mismos de que queremos seguir haciéndolo.

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